CRISTAL
El cielo ya no está arriba; se ha desplegado adentro. En esta red infinita de facetas azules, celestes y cianes, la mirada se fractura en mil direcciones donde el adentro y el afuera disuelven sus fronteras. Cada plano de color y cada pincelada empastada construyen un túnel tridimensional que nos proyecta hacia el abismo de nuestra propia conciencia.
Los tonos violáceos laten como pulsiones internas, atrapados entre planos pop y la crudeza expresiva del trazo neoexpresionista. Es un laberinto espejado donde el reflejo no solo devuelve una imagen, sino la certeza de que el universo entero se sostiene y habita dentro de uno mismo.



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